El COSTO HUNDIDO DE MI EX

Al terminar una relación amorosa, las mujeres siempre nos armamos una especie de teorema en nuestras vidas, preocupación lógica: me voy a morir, que la fundamentamos en unos antecedentes que creemos confirmados al hecho en sí, hecho que demostraba el fracaso inminente de la unión sentimental, pues existían peleas interminables, cachos, sufrimiento, abstinencia y saben a que me refiero.
Lo que más nos altera de toda la situación, es darnos cuenta que todo lo que le invertimos a la relación, sexo, pudor y lágrimas, nos haya dado una ganancia paupérrima o igual a cero.  Tal cual lo haría Ronald Harry Coase en cualquiera de los análisis a sus complejos problemas del costo social, nosotras de una forma u otra, realizamos un razonamiento, en mi criterio inconsciente, del costo – beneficio de nuestra fracasada vida sentimental. Hacemos el ejercicio que da como resultado un  déficit y/o ningún nivel de bienestar.
No lo estamos haciendo bien porque en la vida siempre habrá pérdidas que debemos soportar y eso no significa que debamos declararnos en bancarrota.  A pesar de querer ser diligentes en la liquidación de nuestros noviazgos, nos estamos olvidando de un presupuesto importante en economía, que también es aplicable a la realidad de nuestras relaciones de pareja: el Costo Hundido.  Los grandes emporios empresariales, cuando están a portas de tomar la mejor decisión, se centran única y exclusivamente en el futuro y se desentienden por completo de aquellas acciones pasadas, que a todas luces eran inevitables que sucedieran.
Como una buena mujer de negocios aplicando el principio de la teórica económica, cuando rompemos con nuestra pareja, debemos identificar el costo hundido de nuestros noviazgos, para reconocer cuál fue la verdadera utilidad, en algunos casos no hay utilidad porque hay hombres que definitivamente lo único que traen son gastos innecesarios, sin ninguna contraprestación. 

Las ex parejas, son indiscutiblemente un costo hundido, debían llegar a nuestras vidas y era inevitable, ellos son inversiones sin opción de uso ni de venta, que no se pueden considerar a la hora de determinar nuestros nuevos proyectos y solo sirven como plataforma para tomar la mejor decisión en el futuro.
La gran mayoría de las mujeres nos quedamos en el pasado, por eso nos vivimos equivocando a la hora de escoger una nueva posibilidad.  Nos encanta pretender recuperar lo que ya invertimos, en vez de asumir con dignidad, pundonor y gallardía nuestra posición de “solteras con despecho”.  Tenemos que enterrar el costo hundido de los ex, para dar paso al costo de oportunidad de un nuevo amor.
En nuestra vida amorosa definitivamente hay cosas que se deben hacer y personas con las que debemos estar, sin importar que la relación funcione o no. Cargarle a nuestro nuevo amor las pérdidas del pasado, es el peor negocio que podemos hacer, la inversión pasada ya se hizo y cumplió su cometido, como diría mi mamá esa plata ya se pagó. Mejor dicho, no importa lo que pase con el ex, lo que nos debe quedar claro, es que esa plática se perdió, tratar de recuperarla nos genera una mayor inversión que no hacer nada y posiblemente incurrir en una pésima decisión para el futuro.
                                                                                  


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