50 SOMBRAS
Seguí la
recomendación que me hizo una muy buena amiga, de un libro que es la sensación
en el Reino Unido y los Estados Unidos, Cincuenta Sombras de Grey. Sin decirme
mucho, me aseguró, que era una historia que sin duda me iba a encantar. Sin
más allá y más acá, lo descargué a través de mi iphone por el ibook y me
enteré, que no era un solo libro, eran tres, como era un largo cuento, empecé a
leer.
No dormí en dos días, leía y leía y lloraba y lloraba. Los que han ojeado la trilogía o por lo menos
el primer libro dirán, que yo estoy loca, este comentario puede interpretarse
en mi contra, no se trata de una tragedia, es una novela erótica, como
carajos me hace llorar una novela erótica y la respuesta es Christian Grey. Ya
lo van a entender.
No fue precisamente
el tema erótico el que removió mis más profundos sentimientos con esta novela,
fue en realidad la descripción de los roles que hace el autor, para referirse a lo que
podría ser la relación ideal. Un hombre rico, bello, exitoso, machista y
buen polvo, con una mujer pobre, corriente, sin muchas aspiraciones, sumisa y virgen. Lo que mal llaman los hombres, una mujer normal.
Todo lo anterior lejos de mi
realidad. Entre más leía sentía que había perdido mi tiempo, era una mentira que la liberación
femenina + buen sexo podría terminar en una relación de pareja armoniosa. A qué horas los años 50 y
la ola de mujeres empoderadas, lograron permear mi voluntad y me obligaron a
prepararme como mujer profesional y enfrentar la vida con absoluta independencia para al final descubrir, que lo que
verdaderamente me puede dar la felicidad es ser sencillamente una mujer bruta.
Definitivamente voy por el mal camino.
Avanzaba en la historia y pensaba que nada podría ser peor y recordé mi
última relación sentimental, una verdadera tragedia, pero acabé concluyendo y asumiendo toda
la responsabilidad en ese desastre. Mi libertad e independencia, me condujo al
desempeño de papeles masculinos en detrimento de mi propia feminidad. Fallé en no haber estado dispuesta a asumir un gobierno anarquista en mi relación y creerme la comedia de que todo se construye por la voluntad de dos.
Seguía improvisando en mi vida, cuando decidí que demostrar experiencia en la cama eran puntos a mi favor, al final, el viejo adagio de dama en la
calle y puta en la cama, es una farsa, otro traspié del
feminismo mal aplicado, es la actitud sumisa, corriente, tolerante y
conforme lo que esta de moda y te garantiza un marido seguro.
Resignada a
replantear todo lo que hasta ahora había hecho para no estar sola, fingiendo una actitud de dependencia y obediencia, solo para alimentar el ego de un macho, me topé cara a cara con la pesadilla
de mi presente, aunque hasta ese instante estaba considerado como un nefasto recuerdo del pasado, mi ex novio y como en los años de albores de la democracia en Colombia (1953),
cuando la proclamación del voto femenino nos invitó a ser compañeras y no
siervas, entendí, que hombres igual a ese, son precisamente la antítesis de Christian Grey, además de ser feos, no estar en forma y no ser finos, no son objeto de ningún tipo de relaciones sentimentales y menos una que fuese considerada como ideal. Estos hombres invitan a padecer las 50 sombras del terror y no las 50 sombras de una pasión.
El final de la trilogía me tranquilizó. Christian Grey, se volvió un hombre bueno y la mujer normal pudo elegir entre una amplia lista de opciones para ser feliz, sumisa o libre,
ser independiente o ama de casa, ser madre o tía, lo único que importó fué su condición de SER UNA MUJER.
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