EL AMOR ANTISEMITA


En mi tarea de extrañar a los dementes que se van de mi vida por cualquier razón o sin ella, he comenzado a querer y demandar mi mal llamado modo decepción.

Ese postconflicto que vive el corazón luego de que el demente, de ahora en adelante llamado fuhrer, me deja, en su infalible omnipotencia que lo conduce a concebir y ejecutar mi genocidio, a pesar de que es una de las peores tragedias que un corazón enamorado puede llegar a soportar, es bastante enriquecedora y nutritiva.

Y es que las mujeres tenemos que entender que el tema no es personal, no hay que gastar tiempo pensando que somos lo más parecido a un judío en la segunda guerra mundial, inservibles y desechables. Es el temperamento paranoico, sumado a una personalidad profundamente contradictoria y compleja de los hombres, lo que hace que estos fuhrers encuentren su coherencia en la satanización, masacre y persecución despiadada de nuestros sentimientos.

Luego de una que otra batalla mal librada, finalmente me queda claro que esta perturbadora discrepancia entre lo que debe ser y lo que quiero hacer, no me mata y hasta bien llevada resulta después de todo un tanto divertido.  El drama tiene sus ventajas y además deja grandes enseñanzas, aunque mis tarjetas de crédito siempre llevan la peor parte, pues mi verdadero amor son mis zapatos.  

Mis zapatos son los seres maravillosos que nunca me defraudan, definitivamente son mi verdadera alma gemela. Un clavo saca otro clavo y comprar bellos, caros y sofisticados zapatos son la bolsa de putillas que necesita el martillo de mi corazón para recuperar su poder. Siempre la cantidad de zapatos que compre en una visita a la tienda, es directamente proporcional al grado de despecho en el que me encuentro.  Esto me hace pensar…, que este último amorío no fue tan relevante el dolor, solo compre 3 pares de zapatos y he llegado a comprar 10 en una sola tanda, en el pasado por supuesto.

Viéndolo bien, los hombres son indiscutiblemente unos desclasados, lobo entre los lobos, que con el arte que los caracteriza, saben aprovechar hábilmente los escrúpulos y las contradicciones de ser mujer para rompernos el corazón sin contemplaciones y con esto satisfacer sus delirios de poder.

Y es que ellos, los Fuhrers, desde el inicio siempre están contemplando el final. De un modo u otro con el comienzo nos dejan ver los desequilibrios y fracturas que conllevan a una obvia catástrofe: una ruptura sin remedio; mientras que para nosotras, el empezar es un camino para siempre y es aquí donde triunfa el despecho y comienza el holocausto de la frustración.

Tal cual me lo explico la mona, en cuestiones de amor las mujeres debemos dedicarnos a vivir el hoy, mañana será otro día.  El placer que trae consigo el amor es corto, es solo un instante. Si fuese un sentimiento largo, dejaría de ser un placer para convertirse en un amargo resentimiento.



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