EL DIOS DE MIS PESADILLAS
En medio de una tertulia con uno de estos individuos que llamamos
lo que pudo ser y no fué; este hombre de una forma inteligente, que no es lo
usual, me plantea como las relaciones interpersonales se rigen por un sistema
rígido e inmóvil de restricciones sociales, derivado de un status personal
vitalicio, castas.
Lo que en principio consideré un chiste mediocre, discriminatorio
y sectario, resultó ser su argumento bastante ingenioso, para describir el gobierno en la
interacción entre un hombre y una mujer dentro de una relación. Este individuo, considerando mi soltería como un verdadero mal, me insinuó que debía tener a quien elegir, pero además debía saber cuales eran los códigos de comportamiento con ese posible y bienaventurado dios de mi imperio.
Comienza por explicarme, que las sociedades están
compuestas por tres clases de grupos: los dioses, los semi dioses y los simples
mortales. Los dioses que habitan en el panteón
del olimpo, tienen habilidades fantásticas, son inmunes a las enfermedades, tan solo pueden
resultar heridos bajo circunstancias
altamente inusuales, como cuando decidan juntarse con una mortal, son
inmortales, asquerosamente lindos y con sangre divina en sus venas. Resultado del exceso de curiosidad de los
dioses, esos ataques que le pueden dar a los residentes del olimpo por lo desconocido
y un tanto exótico: un mortal, nacen los semidioses, seres rústicos pero bendecidos, que
gozan de algunos privilegios solo por ser hijos de un dios. Y en la ultima escala de la clasificación, encontramos los
simples mortales, seres comunes y corrientes, más corrientes que otra cosa, sin
ningún tipo de perendengue y que viven como pueden, es decir un paria.
La regla ordena que los dioses solo se relacionan entre ellos, pues hay que justificar una
dinastía de superiores dentro de la sociedad. Por excepción, un dios puede enamorarse de
un humano, creándose realidades intermedias que solo hacen alusión al viejo
refrán de las abuelas, lo que comienza mal termina mal. Este individuo, sin hacer ninguna
referencia a conceptos tan burgueses como la igualdad y el respeto, me plantea que para ser
merecedora de su exótica compañía y endiosado amor, debía someterme a las
reglas heredadas y radicales de su tan suigeneris sistema de clases.
Sin tener claridad donde ubicarme, si en la cúspide de las castas
más elevadas o en la periferia de las clases más bajas, en la pureza o impureza,
diosa o mortal, luego de conocer que yo podría llegar a ser la número 5 de sus muzas
o mozas actualmente vigentes, claramente era fácil concluir que este golem,
folclórico, medieval e inanimado, no era
el dios de mis sueños, más bien, era como el troglodita, machista y mujeriego de mis
pesadillas.
Sin llegar a extremos melodramáticos que no es del todo mi esencia, pienso que la
elección de pareja tiene que ver principalmente con un sentimiento antiguo pero sublime, que en algunos mundos llamamos amor y es
esa fuerza inexplicable envuelta en la magia del respeto, la comunicación y la
lealtad, la que hace que el Zeus de mis sueños, me vea como la Venus de su
olimpo y jamás me haga sentir como la entretención de un cíclope de un solo ojo.
Lo de ENGAÑAR mujeres… es cosa del siglo pasado!!!!
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