COMO EN ROMA
Buscando explicaciones a lo que a veces me incomoda,
leo cosas y leyendo de la antigüedad, por si encuentro alguna que otra respuesta,
me produjo sorpresa saber como en época del imperio romano el furor barbarii, propio de la naturaleza de nuestros antecesores
hombres, utilizado para tener poder en el imperio y perpetuarse, consistía en
una suma de mecanismos tradicionales de guerra, que necesariamente implicaban a
una mujer.
Eran actos crueles, que encerraban engaños, provenientes de la ignorancia,
el error y la falta de talento del sexo masculino. Se fundamentaba la teoría, en una supuesta
jerarquía natural de los hombres y una presunta posición de inferioridad de las
mujeres, que trataban como peones para mantener estrategias y cumplir objetivos.
Curioso
que al igual que en el año 753 a.c., ahora, en nuestro siglo, los hombres sigan creyendo que
pueden esclavizarnos sentimentalmente, convertirnos en objeto de sus más exóticas
aventuras y estallar guerras en nuestro conjunto de funciones mentales, para
satisfacción de sus egos y rivalidades.
El sexo masculino históricamente ha utilizado para subyugar, su propia estupidez
y nosotras, utilizamos el amor. La diferencia realmente importante de este planteamiento está en que este proceder violento y maniaco, no
evoluciona, pero el amor sí.
Mientras que nosotras nos encontramos a millones
de años del imperio romano, los hombres siguen allí, insistiendo en supeditarnos
y ahora con su presunta confusión entre lo que piensan, quieren y hacen,
aduciendo una integridad maltrecha, para catequizarnos de que su estupidez es un acto de
amor, cuando lo que quieren es tener solo sexo. Si tuvieran el mismo furor barbarii para actuar con sinceridad como la valentía
que demuestran para pretender engañar, nos evitaríamos miles de saqueos y confrontaciones
sentimentales de nueva era.
El
siglo XXI está nutrido de mujeres excepcionales, legendarias, millones de Elias
Gala Placidia, profundamente enamoradas y protagonistas de más dramas siniestros
y espeluznantes que los épicos, mucho más elaborados que el de Lucrecia en el
año 509 a.c., que sin mucho esfuerzo, sometemos a la autoridad a los que creen
llamarse hombres porque van por ahí diciendo que tienen una vida soñada, pero
quieren volverte una pesadilla la tuya, es así, técnicamente más avanzadas, que
nos valemos de nuestra gracia emanada del sutil carisma para como retaliación, convertirles
en un caos su supuesta existencia de cuento de hadas.
Miles de años han pasado desde la caída del
imperio romano y ellos siguen insistiendo en ser imprudentes y masocas, obstinándose
con su palabrería anticuada en atacar sin razón el codiciado botín de sus guerras:
nosotras y al final, terminar perdiendo todo.
"La
imprudencia suele preceder a la calamidad." Apiano (95-165 d.C.), historiador romano
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