SOY INMORTAL
Después de haber padecido lo que mi terapeuta considera los golpes más duros e insoportables de la vida, aquellos que directamente atentan contra el corazón y pese a eso conservar el pleno uso de mis facultades mentales, he concluido que soy inmortal. Mi primera caida libre, mar abierto con el corazón en la mano y sin salvavidas, fue tan devastadora que me acribilló, casi me aniquila. El dolor era tan intenso que sentí como si mi alma hubiera quedado destrozada en mil pedazos y sin esperanzas de volver a levantarme porque me desvanecía en corrientes interminables de lágrimas, por momentos era completamente milagroso el fin del mundo.
Mi segunda agresión sentimental fue un espectáculo aún más surrealista. Me dejó en coma durante unos días, totalmente desorientada, como si estuviera atrapada en una nebulosa emocional sin puerta de salida. La tristeza me envolvía de tal forma que ni siquiera los que me rodeaban sabían si aún estaba transitando entre los vivos. Mi manada, esos que llamamos amigos, con toda la paciencia del universo, se tomaban turnos para darme "sueros de cariño", pero nada de nada, no podían devolverme al mundo. Mis pensamientos eran oscuros y mis sentimientos flotaban en un rio de incertidumbre. Si alguien me hubiera dicho que jamás volvería a sentir amor, lo hubiera ratificado sin dudarlo. Pero al igual que una marea, las emociones finalmente se terminan calmando y me encontré nuevamente respirando.
Después de la tercera vez todo ha cambiado. Las cascadas de dolor ya no crean inundaciones ni arrasan con mis fuerzas, ahora todo se reduce a un recuerdo fugaz. Un mes de sufrimiento pasó a ser una semana, luego a unos pocos días y puedo decir con certeza que esa clase de angustia, propia del corazon partido, hoy solo lo percibo como un atisbo lejano. Alguna vez fuí un frágil cristal, ahora soy como una roca impenetrable capaz de resistir la peor de las tormentas sin quebrarme.
Soy una especie de superhéroe emocional, nunca muero, nunca me destruyo, porque si hay algo que he aprendido, es que lo peor siempre pasa y lo mejor tambien, esto se trata de una corriente de agua que arrastra ramas, piedras, pero siempre sigue fluyendo. Cuando las olas del despecho intenten ahogarte, solo sumergete un poco y vuelve a la superficie, contempla el fondo y luego el exterior, veras como aprendes a gestionar las diferencias con mucha astucia e inteligencia.
“El dolor no vence, solo te redefine” Anónimo
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