EL VALOR DE LA PAUSA

La vida para mí es como estar en el escenario de Central Park, pero no el Central Park tranquilo y bucólico que todos imaginan, mi versión es una especie de mezcla entre una película de Tarantino, un episodio de friends y un desfile de princesas con una pizca de drama absurdo y personajes completamente impredecibles. En mi Central Park el tiempo no se mide en minutos, sino en años y lo que para una persona normal podría parecer una hora tranquila, para mí es una odisea de emociones y situaciones tan incontrolables como los giros de la trama de una película de suspenso.

Un segundo en mi vida es equivalente a un año entero en la vida de cualquier otra persona. ¡Todo pasa a una velocidad vertiginosa!.  Mientras tú disfrutas tu café en la mañana, yo ya me he enamorado un par de veces, me he desenamorado, he escuchado a alguien gritar en plena pelea, he visto a mi peor pesadilla aparecer de la nada y también la he visto desaparecer con la misma rapidez y he sido testigo de un par de fechorías. Y si además, uno de esos malhechores resulta tener la cara de alguien que solía ser un amigo, es que a veces los rufianes tienen caras conocidas.

Hace poco una amiga sabia y muy objetiva, de esas que se las saben todas,  me dio una recomendación que me dejó pensando: “La pausa y la reflexión tienen un valor esencial”. Esta frase profunda en mi estado mental de caos total, hizo clic en mi interior. ¿La pausa? ¿Reflexionar? ¿Eso me ayudará a hacer que mi vida no sea una mezcla de película de acción y telenovela rosa?

Con ese sabio consejo, decidí empezar a depurar mi vida como si fuera un filtro de Instagram. Empecé a bloquear gente y no solo en redes sociales, en la vida real también, a aplicar el bullying del silencio, como si fuera una experta en lo que se dice y lo que no se debe decir. Fue como una especie de operación limpieza emocional. Si te sumas a mi vida sin aportar nada bueno, adiós. Puedo llegar a intuir que mi concepto de pausa se fue un poco por el lado de la venganza silenciosa, pero, honestamente me siento tan ligera, que no me importa.

De alguna manera, todo esto ha traído una calma superior. Como si mi vida, tan caótica como siempre, estuviera acompañada por una banda sonora de ambientación zen. Puedo respirar sin parecer estar permanentemente corriendo una maratón. Aunque claro, la trama sigue siendo la misma, de Tarantino, con giros inesperados y personajes que van y vienen, pero al menos ahora tengo menos gente indeseable en el escenario y esa es una victoria, solo mi manada esta en mi Central Park.

Mi vida no ha cambiado, pero mi forma de verla sí. Lo que antes parecía una montaña rusa de emociones y revoltijos constante, ahora es solo una especie de montaña rusa más ligera y con menos gente vomitando en las sillas. Por ahora, me quedo con esta calma zen. El caos siempre regresa, pero por un ratito, puedo serenarme

“La pausa es el espacio donde nace la claridad” Anónimo 


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