EL METAVERSO DE LA LOCURA
El metaverso es un concepto abstracto sobre la humanidad que tiene una dimensión fascinante, pero también muy perturbadora que podría no ser tan virtual como lo pensamos. Se asemeja mas a un espacio paralelo, donde la lógica, la razón y cualquier señal de sentido común se ignoran con la misma indiferencia con la que ignoramos las alarmas de incendios en una película de bajo presupuesto, es como contemplar la locura, en el metaverso.
En este universo emergente, el protagonista por supuesto no podría ser otro que un hombre. El hombre en su glorioso refugio de fantasía, tiene la habilidad infinita para inventar, o revivir historias que nunca han sucedido, o si alguna vez ocurrieron, pasaron yá, pero siguen existiendo en su mundo paralelo, con una desconcertante incapacidad para aceptar la cruda realidad. Esto lo convierte en un pionero del metaverso, la negación de lo evidente es en definitiva una verdadera forma de arte.
Los hombre son especialistas en construir un castillo de sueños rotos sobre las ruinas de lo que alguna vez pudo haber sido y no fue. Poseen la habilidad nada despreciable para manipular la narrativa en su mundo alterno, esto es a todas luces, fascinante. Son capaces de crear un relato tan elaborado en su mente que logran convencerse y de alguna manera, terminan arrastrando a las mujeres a querer participar de esta alucinación delirante. Todo en el metaverso de la locura de los hombres es ambiguo, recordatorios maravillosos, la nada, preguntas, realidades con silencios, en fin, todo es un delirio de situaciones expiradas o completamente inexistentes.
Entre avatares musculosos y billeteras emocionales vacías, habitan los pobrecitos hombres. Esos mismos que un día, con la destreza de un ilusionista en quiebra, le metieron mano al dinero de sus parejas, convencidos de que era un préstamo emocional, con tasa de interés cero y devolución opcional. “Es por el bien común”, dicen los macabros, mientras hacen desaparecer los ahorros para invertir en promesas de amor que nunca supieron si eran primeras citas, o audiciones para una novela turca.
Cuando todo se viene abajo, porque la lealtad no se compra ni se alquila por cuota, ahí están ellos, de rodillas no por arrepentimiento, sino porque las articulaciones ya no les da para correr, ahogados en la paradoja de una falda cara que creyeron conseguir y la barata que al final salió, esas que se deshilachan con la primera lavada de conciencia. Pero la culpa jamás es de ellos, es de la villana con rostro de paz y manos de ejecutiva que cansada de sus desmanes, se atrevió a abrirles la puerta y amablemente con una patadita elegante, lo tira por donde llego y se dedica a limpiar el desastre emocional que dejaron, como si fuera confeti después de un carnaval donde solo ellos se divirtieron.
Pese a todo, los hombre en su metaverso de locura, nunca deben subestimar el poder de una mujer, somos guardianas de nuestra paz mental, heroínas del día a día para devolvernos el sentido común cuando el caos parece ganar terreno y recordar que no necesitamos segundas, terceras ni cuartas temporadas y menos con el mismo querido miserable, porque al final, todo viaje al delirio tiene aterrizadas en el suelo.
“Escapamos con el dolor a cuestas, pero sin el sufrimiento que ellos quieren dejarnos de herencia.” Anónimo
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