POR SI ACASO, REMITASE AL MANUAL
El otro día, entre copa y copa en Saddle, ese restaurante madrileño donde el vino fluye y las verdades se sirven a punto, un amigo me soltó una frase con la contundencia de quién ya ha visto demasiados naufragios ajenos: “Tía, es de manual.” Y no hablaba de vinos, me hablaba de hombres, esos de siempre, los de libro.
Los encantadores de primeras, saboteadores de segundas y absolutamente tóxicos en cada capítulo posterior. Estábamos en la tarea de recrear, como quien reescribe una escena de teatro absurdo, mi última interacción con el género masculino. Una relación tan dañina, donde me salté las banderas rojas, como si fueran obstáculos en una clase de zumba emocional y acabé con el alma enyesada y la cuenta corriente en rojo. Era como si hubiera intentado armar un mueble de IKEA sin leer las instrucciones, piezas sueltas, tornillos de más, autoestima de menos.
El producto venía defectuoso de fábrica, pero yo, firmé la entrega sin leer los términos y condiciones. Y ahí, me encontraba luego como la víctima de incompatibilidad estructural, fallos de funcionamiento, pérdida de energía, confusión del sistema operativo y por supuesto, saqueo emocional con robo a mano armada hasta de la billetera. Y es que hay algo que no nos dicen nunca: los hombres crueles, insensibles, desagradables, malintencionados y emocionalmente ineptos siempre vienen con manual. Los hombres deshonestos, crueles, arrogantes y emocionalmente discapacitados no son un misterio, son absolutamente predecibles.
Al principio aparecen con flores, frases de Instagram recicladas y una sonrisa que huele a perfume prestado, una parte de ti quiere creer que esta vez sí, pero esta vez no. Ignorar las señales no te convierte en una romántica, sino en la autora de otro libro, el manual ilustrado de comportamientos estúpidos.
El problema es qué nosotras, en pleno frenesí hormonal y emocional, todo lo pasamos por alto como si fuera la etiqueta de calorías, en un bote de helado. Lo que mi amigo intentaba decir entre risas y trufas, es que si hubiera leído con atención el prontuario sentimental del susodicho, habría identificado claramente que estaba ante un modelo de rufián deluxe, edición limitada pero tristemente común.
No puedes cambiar a un narcisista con traumas sin resolver, no se requiere gritar, ni rogar, ni hacer terapia, requieres de auto-control, madurez emocional y una pizca de esa elegancia fría con la que cierras la puerta a un drama, sin volver a mirar hacia atrás.
“Cambia tu historia, en el amor, como en la vida, siempre es mejor proteger tu bienestar emocional y saber cuándo cortar por lo sano” Anónimo
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