NO TE NECESITO PARA NADA, PERO TE QUIERO PARA TODO

No te necesito para nada, pero te quiero para todo.  Una frase que suena a contradicción existencial, pero que en realidad es una declaración de independencia con antojo.

Una cosa es necesitar, como quien necesita el WiFi en un aeropuerto o un té matcha en la mañana y otra muy distinta es elegir, y yo queridos amigos, elijo.  No necesito que un hombre me solucione la vida, es más, quiero hacerles participe de mis logros de independencia, aprendí a pagar impuestos, a cambiar bombillos y a reservar la casa en Madrid para mis vacaciones de un mes, sin llorar frente al formulario en línea. Puedo viajar sola, brindar sola, comprarme flores y hasta discutir conmigo misma, algunas veces hasta pierdo, pero qué delicia si estuvieras ahí, no para salvarme de mis dramas, que son muchos, sino para dramatizar conmigo.

Si la vida es un carnaval que lo es, aunque a veces parezca un comité ejecutivo, que la bailemos juntos con comparsa emocional incluida.  Y aquí viene la parte que jamás pensé escribir porque soy más costeña que un mote de queso, no necesito que mi cachaco ideal me menee la pollera, pero sí quiero que comparta la cumbia a mi lado; porque puedo vivir sin tu expresión de cosas tropicales, pero no sin el porro aletiao como digno hijo de la sabana de Bogotá y la champeta descoordinada que nos lleva a un ridículo compartido.

El amor que me interesa no es el que me amarra a la silla, es el que me invita a la pista. Y sí, puedo disfrutar los tragos sola, de hecho los disfruto bastante bien, pero me da ilusión contigo, el de la temporada quince (15).  Una serie larga, con plot twists, capítulos flojos, algunos memorables, pero con renovación inesperada que uno agradece como si fuera un premio Emmy emocional.

No te necesito para sostenerme, me sostengo sola, pero te quiero al lado cuando el suelo tiemble, no porque no pueda caminar, sino porque caminar acompañada me resulta a otro ritmo.

Y aquí está la ironía mayor, esta mujer independiente, autónoma, libre, que predica que nadie es indispensable, termina escribiendo que te quiere para todo, no para depender, sino para compartir.  La diferencia es abismal, necesitar es miedo, querer es elección y yo te elijo para que cuando suene la música, no me mires desde la mesa, sino que bailes conmigo, aunque seas cachaco.

“No te necesito… pero qué desperdicio no tenerte.”


Comentarios

Entradas populares