LA AMISTAD ENTRE HOMBRES Y MUJERES TIENE CARA DE CUENTO


Cenando con amigos, hablando de todo un poco, emotivos y románticos, los hombres, exponían lo que consideraban los presupuestos importantes que justificaban nuestra auténtica, duradera y hermosa amistad. Entre las razones que soportaban este vínculo personal, estaba la de ser catalogadas como amigas buenas, físicamente hablando, con sus mismos intereses, es decir, nos podríamos identificar sentimentalmente, porque la condición, es que debemos estar en el primer renglón y en primera fila de sus posibles aventuras íntimas, sin ningún tipo de responsabilidad ni compromiso. Para formar parte de su circulo de amigas, debíamos estar dentro del cerco del interés de su acecho libidinoso.

Somos caperucita roja, en cualquier visita a nuestro mejor amigo enfermo, nos puede saltar el lobo feroz.  Compartir con un amigo, es pasar de un lugar seguro con la abuelita, a espacios al borde del peligro con un animal atroz.  Cuando me pretendió mi amigo, siempre creí que era un acto particular y aislado de fortuna, pero es sencillamente un performance masculino para pedírmelo de frente sin tener que obligarse con ninguna relación.

Mis amigos hombres eran intocables, la amistad era una promesa inquebrantable dentro de otra esfera de las relaciones interpersonales. Jamás imaginé que mis demostraciones sinceras y desprevenidas de cariño, estaban en la mira de ojos grandes, manos enormes y dientes afilados, planeando pacientemente cazarme como su presa.  Mi versión del cuento “amistad entre hombres y mujeres”, hasta esa conversación, era completamente inocente, no tenia contenido erótico.  Hoy me encuentro con un relato cruel, destinado a prevenir a las mujeres y niñas de encuentros con desconocidos y cercanamente conocidos.  Esta presentación original es realmente perturbadora.

Caer en esa treta, es una caída libre sin paracaídas ni ningún seguro.  Cuando este súper amigo de más de seis años me hizo la propuesta indecente, aún yo pensando que era una excepcional causalidad y nunca un acto malévolo, nada pudo ser igual.  Proponer un final alternativo, que hace parte de la estrategia de persuasión de los hombres, es completamente improbable que se pueda, los amoríos sin compromiso con los amigos, son el reflejo del texto original del cuento de Caperucita Roja escrita por Charles Perrault, no tiene final feliz, “el lobo, ya disfrazado de abuela, invita a la niña a consumir carne y sangre, pertenecientes a la anciana a la que acaba de descuartizar, y a la que posteriormente obliga a acostarse con él desnuda tras hacerle quemar toda su ropa”.

Ahora más sabías y conscientes, pongamos nuestras capacidades e ingenio, en darle una vuelta a la historia, que tal el lobo asustado de una caperucita que ya esta dentro de la cama y con mirada insinuante.  Adaptemos nuestra narración a las mujeres del siglo XXI, que hablamos alto, directo y elegimos lo que queremos, nunca nos eligen.

"Si obedeces todas las reglas, te perderás toda la diversión" - Katharine Hepburn



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