LOS HOMBRES NO OYEN, HUYEN

En diciembre del año pasado una amiga que quiero mucho y que además, parece una viejita dentro del cuerpo de una niña de 23 años, por la sabiduría y propiedad con la que habla de los hombres, me regaló de navidad la agenda de Vladdo. Soy fiel admiradora de Vladdo, pero nunca me había puesto en la tarea de leer las frases que el anota, en los apartes de cada semana. 

El 09 de agosto que tuve muchas cosas que escribir pues estoy estrenando trabajo, leí una frase, que como máquina del tiempo me transportó hacia el pasado, a mi última relación amorosa: "los hombres en vez de oír, prefieren huir". Y pensé, yo tenía tantas cosas que decir, que cuando decidí hacerlo, acabé con la luna de miel y comencé una historia escalofriante donde reinaba el caos y el terror en mi relación.

Al terminar de pronunciar las fatídicas palabras "tenemos que hablar", mi imagen de mujer paciente, sabia, compañera, reina de mi corazón, se convirtió en una versión elaborada del exorcista a la que básicamente había que internar en una mal llamada clínica de reposo, porque un espíritu endemoniado que me poseyó, estaba acabando con mi armonioso existir. Insisto, simplemente dije "tenemos que hablar".

Me puse a pensar durante días toda clase de hipótesis del porqué se me había terminado mi relación perfecta y había quedado no solo sin pareja, sino en el limbo de las miles y miles de preguntas. Entre en el clásico interrogante que se hacen todas las mujeres luego de una abrupta ruptura ¿y qué hice?.  Pensé que "tenemos que hablar" era una especie de conjuro invoca demonios, este tomó posesión de mí y me convirtió en una mujer esquizofrénica, con personalidad múltiple, depresiva y loca.

Me enfermé de tenemos que hablar. Poseer esta enfermedad es estar condenada al exilio sin derecho a un tratamiento compasivo, es casi que un delito de lesa humanidad, sin derecho a una legítima defensa, no existe el derecho al debido proceso y la culpabilidad es declarada de facto, no tienes posibilidad de salvarte.

Como un buen delincuente, pecador arrepentido o enfermo terminal, comencé un proceso de interiorización de mi delito, pecado o de mi enfermedad y caí en la aceptación total de la culpabilidad, no sé exactamente que hice, pero soy culpable. Yá casi convencida de mi error, me tope con la frase en la agenda de Vladdo y encontré la respuestas a mis múltiples preguntas, los hombres prefieren huir que oír.

Como el antídoto, carta de indulto o sesión de exorcismo, me liberé de la enfermedad, delito o de la posesión del demonio y entendí que no es mi responsabilidad, es él, no es mi inteligencia, es su brutalidad, no es mi alzheimer es su patología preexistente por ser hombre, se trata de una malformación en el oído medio del  sexo masculino que impide el desarrollo de ese sentido y hace que los hombres sean básicos y elementales,  como la línea de ropa diseñada por Silvia Tcherassi o  Hernan Zajar para almacenes de cadena para ventas al por mayor y al detal, poco glamour, sin detalles, poco brillo, no exclusivas y caras.

Totalmente recuperada, procedí a contestar un mail que mi ex pareja me había enviado semanas antes de mi pasajero trastorno mental, donde me anunciaba que era muy especial para él, pero muy jodoncita. Palabras que ya no eran una sentencia para un culpable, ahora eran el desafío de una inocente.


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